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martes, 31 de agosto de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
miércoles, 18 de agosto de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
Max Radiguet - Viajero y Dibujante Francés del Siglo XIX
Max Radiguet fue un marino y escritor francés quien estuvo en el Perú desde 1841 hasta 1845 con la misión del almirante Petit-Thouars. Las narraciones que hace del Callao y de Lima son unas de las más amenas y detalladas que se hayan hecho. Otros visitantes posteriores copiaron su estilo y en algunos casos le copiaron hasta párrafos enteros. Sus relatos sobre Callao y Lima, y de otros lugares de la América hispana aparecieron en su libro Souveniers de l'Amerique Espagnole, publicado en 1856.

Retrato de Max Radiguet, en actitud de conversar con una dama limeña,
pintado en Lima por Juan Mauricio Rugendas, en 1843. Tras del árbol, el autorretrato del pintor.
Información obtenida de:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/90253950982392717243457/index.htm
http://www.chimpum-callao.com/especiales/resbalosa.html
Imágenes obtenidas de la Revista Cultura Peruana - Especial de XV Aniversario -
Diciembre de 1955 - Año XV, Vol XV, Nº 90
sábado, 13 de febrero de 2010
La Belleza Misteriosa de la Tapada Limeña
Tapada limeña, era la denominación que se usaba para designar a la mujer limeña, en la época del virreinato del Perú y de los primeros años de la República. Se le denominó así, debido a que dichas mujeres, tapaban sus cabezas y caras con ricos mantones de seda que denominaban "saya y manto", dejando al descubierto tan sólo un ojo. Su uso comenzó a partir del siglo XVI (1560) y se extendió hasta bien entrado el siglo XIX (1860), es decir, su uso se extendió durante tres siglos o trescientos años y no sólo se circunscribió a Los Reyes, sino también a otras ciudades importantes de la región. En Lima, la costumbre permaneció hasta bien entrada la República, cuando las modas francesas.
El atuendo característico de la tapada connotaba insinuación, coquetería, prohibición y juego de seducción. Con todo, no dejaba de ser un vestido: la saya contorneaba las caderas y el manto cubría la cabeza y el rostro, excepto, por supuesto, un único ojo. Tras el manto podía habitar una abuela desdentada así como una mujer tuerta picada por la viruela. Las posibilidades eran muchas como muchos debieron ser las ocasiones en que muchachos galantes o "viejos verdes" derrocharon piropos antes esposas, cuñadas, suegras, madres o hijas que podían ocultar su verdadera identidad tras los mantos.
La saya era una falda de seda grande y larga, de colores azul, castaño, verde o negro. Para asegurarla se usaba un cinturón que la ceñía al talle de la mujer. No era extraño que algunas menos agraciadas usaran caderas postizas que exageraban sus dotes naturales. Por debajo de esta falda se podía ver el pequeño pie (calzado con un zapato de raso bordado) que también hizo famosas a las antiguas limeñas. El manto también era de seda, se ataba a la cintura y subía por la espaldahasta cubrir la cabeza y el rostro, dejando al descubierto tan sólo un ojo y acaso los brazos.
El atuendo característico de la tapada connotaba insinuación, coquetería, prohibición y juego de seducción. Con todo, no dejaba de ser un vestido: la saya contorneaba las caderas y el manto cubría la cabeza y el rostro, excepto, por supuesto, un único ojo. Tras el manto podía habitar una abuela desdentada así como una mujer tuerta picada por la viruela. Las posibilidades eran muchas como muchos debieron ser las ocasiones en que muchachos galantes o "viejos verdes" derrocharon piropos antes esposas, cuñadas, suegras, madres o hijas que podían ocultar su verdadera identidad tras los mantos.
La saya era una falda de seda grande y larga, de colores azul, castaño, verde o negro. Para asegurarla se usaba un cinturón que la ceñía al talle de la mujer. No era extraño que algunas menos agraciadas usaran caderas postizas que exageraban sus dotes naturales. Por debajo de esta falda se podía ver el pequeño pie (calzado con un zapato de raso bordado) que también hizo famosas a las antiguas limeñas. El manto también era de seda, se ataba a la cintura y subía por la espaldahasta cubrir la cabeza y el rostro, dejando al descubierto tan sólo un ojo y acaso los brazos.
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